Historias de cine hay cientos, solo hace falta pasarse por alguna librería de cualquier ciudad para encontrar el consabido tomo que intenta ilustrar en el fantástico mundo del celuloide. Hay tal cantidad, que el ruido que generan es a veces insoportable; miles de árboles han dado su vida para ilustrar el mundo cinematográfico, y muchos de ellos sin ninguna voluntad de trascendencia. En las universidades nos dan ejemplos para poder sumergirnos en la maraña de páginas tintadas, por supuesto el libro 'Historias del Cine' de Román Gubern es el más repetido por todos ellos, pero hay algunos más, cómo es el caso del libro con el mismo nombre de David Parkinson o la colección de 'Historia General del Cine' de la editorial Cátedra. Todas ellas tienen un amplio apartado a la cinematografía norteamericana, el llamado muchas veces el cine de Hollywood, al ser el máximo exponente de una industria que dio y esta dando las obras más conocidas dentro del mercado internacional.
La historia del cine americano es compleja, llena de nombres y relaciones entre los principales elementos que la componen, no es fácil entrar en el mundo de la industria del celuloide pensando que todo es arte y voluntad de hacer una obra duradera y sobresaliente, “don dinero” manda en toda fábrica y en ésta es el baluarte a seguir. Por todo ello el arte y el dólar se mezclan, se retroalimentan y dan a luz una serie de genios y sobresalientes filmes, pero todo tiene su cara oscura y aquí también existen callejones donde la gente, cual cementerio de elefantes, entierran sus cuerpos y almas al mejor postor. La época más dulce, la que nos lleva desde 1930 a 1960, es un tiempo de afianzamiento y de deslumbre de flashes y glamour, es cuando el cine de Hollywood se puede escribir por casi todo el globo terráqueo con inmensas luces de neón. Tiempo de películas, tiempo de nombres imperecederos, tiempo de fábricas de bobinas enlatadas, momentos de sueños dionisíacos para los espectadores. El opio del pueblo llegaba desde la calurosa California y haría cualquier cosa para seguir dedicándonos sus exquisitos manjares, pasara lo que pasara.
